Capítulo 45

El frío helaba sus huesos; el hambre, el cansancio y la sed le causaban estragos y sus ojos estaban hinchados de tanto llorar. Miró a su alrededor y el ruido que se escuchaba horas atrás desapareció para alivio de ella. Ya había anochecido y Leela entendió que tenía que dejar de lamentarse y buscar una solución. Se levantó con sigilo en caso de que sus perseguidores la tuvieran vigilada y se acercó al límite del edif

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