Capítulo 4
Apenas crucé la reja de la casa, Gustavo me alcanzó.

Sacó unos billetes arrugados del bolsillo y me los extendió.

—Trescientos. No es mucho, pero te alcanza para sobrevivir unos días. Ya cuando se te pase el berrinche, vuelves con la cabeza baja, pides perdón y todo vuelve a la normalidad.

Ese dinero... para Beatriz no alcanzaría ni para el brunch que pide cada fin de semana.

Justo en ese momento, ella también se acercó. Le quitó los billetes a Gustavo con una sonrisa tranquila, casi dulce.

—Ay,
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