Manuel parecía tener cierta insistencia con que Beatriz comiera pastel.
Su tono era suave, casi cariñoso, pero tenía esa firmeza que no dejaba espacio para negarse.
—Beatriz, solo un poco. No pasa nada. Y si te sientes mal, Gustavo y yo te llevamos al hospital enseguida.
Por un momento, la sonrisa de Beatriz pareció forzada.
Pero para no mostrar duda, puso su típica carita de niña buena.
Agarró una cucharita y empezó a probar, una por una, todas las porciones de pastel que había sobre la mesa, c