Orión.
Continuación inmediata del capítulo anterior.
«… Aún recuerdo cómo me sentí cuando comprobé que no estaba en mi cama, sino en el piso, en medio de la habitación. Ellos corrieron los muebles y me colocaron en medio de un círculo, rodeado por velas. La luz mortecina no ayudó a los recurrentes mareos que sentí. La chica, la del libro, yacía de pie delante de mí. Su sonrisa... era escalofriante. Nunca vi tanto odio en los ojos de una persona como en los de ella.
Con la vista nublada, traté de ident