Igual me fue con los otros cantantes que debían completar el disco de duetos. Yo misma me entrevisté con ellos, les ofrecí ingentes sumas de dinero para participar en la producción y todos aceptaron de buena gana, aunque me advirtieron que no tolerarían gritos ni petulancias de Hubert. Ellos ya conocían de su fama, lo aborrecían, lo detestaban y lo odiaban. Bueno, en realidad todos sabían quién era realmente Hubert.
La música estuvo a cargo de la sinfónica nacional. Ese era un dueño dorado