Había estado recibiendo numerosos mensajes en mi móvil de un tal William. No sabía quién era. El tipo ese me decía muchas cosas, se mostraba sugestivo, atrevido y a veces insolente. Me decía de que yo era muy bella, encantada, mágica e hipnótica, que estaba muy enamorado de mí, que le gustaba mis cuerpo escultural y que deliraba pensando en besarme y hacerme suya. Afirmaba que yo tenía los senos y las nalgas grandes y que sería un placer tenerme a su merced en la cama, bajo los edredones y c