Mario dudó mucho en confesarme lo que pasaba. Yo lo miraba fijamente a los ojos. En sus pupilas se leía que escondía la verdad de todo ese asunto de la alianza conmigo.
-Soy impotente, señora Monroe, me es imposible excitarme, sufro de disfunción eréctil permanente-, me dijo, finalmente, Truddle soplando sus propios miedos.
¿Uh? Quedé aturdida, tonta, pasmada y estupefacta, desconcertada por completo. Aunque Truddle no era un sex symbol, sin embargo muchas mujeres lo codiciaban y soñaba