Esa noche, después de cenar, me quedé contemplando las estrellas desde la terraza del Rancho Monroe, pensando en Mario Truddle. Para él, lo que ocurrió con su esposa, le era una herida abierta, sin embargo no se había amilanado y prosiguió adelante, superando escollos y haciendo un buen trabajo como político. Eso era encomiable, demostraba que Truddle era porfiado, ganador y a mí me gustaba mucho ese tipo de hombres, que no se dejan vencer por las circunstancias, tipos con limitaciones pero qu