Mi último marido se llamaba Mario Truddle. Él era político, había sido gobernador y congresista y siempre se había decantado por la vida vinculada a la toma de decisiones en el estado y ahora ansiaba convertirse en presidente. Le encantaba eso, el estar rodeado de personas rindiéndole pleitesía, los aplausos, los lobbys, viajar, estar en ceremonias, brindar con cognac y champán y sentirse importante y aclamado.
Resulta que Truddle había tenido una juventud difícil. Poco apegado a os estudios