Moe Warren no dejaba de mirarme. Los dos habíamos asistido a la ceremonia de premiación a los mejores empresarios del país que se realizó en el gigantesco salón de convenciones de mi hotel. Únicamente lo conocía de nombre y por sus fotografías. Warren tenía varias vetas de oro en las montañas y se dedicaba exclusivamente a la minería. Su fortuna la había conseguido extrayendo y vendiendo oro. Las principales joyerías del mundo le compraban y su nombre siempre estaba ligado a la economía del pa