Justo cuando los dos hombres estaban a punto de actuar, un fuerte estruendo resonó en el aire.
Las dos figuras delgadas que custodiaban la entrada fueron lanzadas con violencia hacia el interior del salón de banquetes, cayendo al suelo como dos cadáveres sin vida.
La escena inesperada sorprendió a todos los presentes, dejándolos en estado de shock.
Cuando los ojos de todos se centraron en la persona que acababa de entrar, y vieron que era Juan, Luis no tardó en advertir con urgencia: —¡Señor,