Al escuchar esto, Anabel no pudo evitar mirarlo de nuevo con cierta curiosidad. Cuanto más lo observaba, más se daba cuenta de que Juan tenía un rostro bastante atractivo, con rasgos bien definidos y una mirada llena de confianza.
No pudo evitar murmurar para sí misma: —Este tipo... al final no es tan desagradable, ¿verdad?
Juan, con los ojos cerrados, sonrió y preguntó: —¿Mujer acaso, me estás espiando?
Anabel, inquieta como si le hubieran descubierto un gran secreto, se sonrojó y tartamudeó: