Habían pensado que Juan era un rival extraordinario, pero al enterarse de que era un simple mantenido, un hombre que dependía de las mujeres, se dieron cuenta de que era un inútil.
—¡Estás acabado!, pensaron en ese momento todos, convencidos de que, una vez que Benigno pusiera sus ojos sobre Juan, este no tendría ninguna oportunidad de sobrevivir. Incluso Celeste no podría protegerlo de la ira de Benigno.
Mientras tanto, Juan, después de ayudar a Celeste a trasladar sus cosas a su nueva villa, n