Media hora después.
Panteón de los Ángeles.
Bajo la fina llovizna, varios cuervos revoloteaban tan rápido entre las ramas, emitiendo fuertes chillidos algo extraños, como si sus sonidos estuvieran robando almas.
Sin embargo, ese ambiente un poco hostil y algo lúgubre, pronto fue interrumpido. Un sonido muy rítmico y resistente resonó en la distancia, haciendo que los cuervos alzaran el vuelo, chillando con total desesperación.
Se dispersaron, escondiéndose en los alrededores, mientras observaban