Irene, llena de indignación, dijo: —Elena, no tenga miedo alguno. Estos tipos casi la empujan y ni siquiera se han disculpado. ¡Qué falta de educación!
—Voy a llamar a Juan de inmediato, para que él venga y se encargue de ellos personalmente.
Diciendo esto, sacó en ese momento su teléfono, lista para llamar a Juan y contarle todo lo sucedido.
En ese preciso intante, Celeste y Araceli se acercaron de inmediato, y Celeste preguntó con un tono de voz firme: —¿Qué está pasando aquí? ¿Qué ocurrió?
—S