—Tu abuelo está muy mal, necesito tratarlo de inmediato.
Juan insertó rápidamente la aguja de plata en la garganta de Antonio mientras secretamente canalizaba una gran energía en su cuerpo para mantenerlo con vida.
—¡Estás desquiciado!
Marta se adelantó en ese momento y lo empujó con fuerza, gritando con rabia: —¿Qué sabes tú de curar? Si le pasa algo grave a mi abuelo, nunca te lo perdonaré.
—Vete, lárgate ahora mismo, no quiero verte más.
Juan sonrió y, sin decir más, se dio la vuelta y salió