Pasó un buen rato hasta que Juan llegó a un callejón.
De repente, un grupo de personas apareció justo frente a él, bloqueándole el camino, y lo mismo ocurrió detrás de él.
—¡Chico, te has metido con Los Lobos Oscuros, ¡y ahora verás adónde puedes escapar! —La voz provenía de Atilio.
Pero en ese preciso momento, Atilio estaba siguiendo a otro hombre, un tipo vestido con un traje de combate, de unos cuarenta años. Su presencia daba la impresión de que no era alguien con quien se pudiera jugar.
—Lu