—¡¿Cómo puedes abrir un restaurante sin dinero y, encima de todo, hacerlo en mi territorio?! ¡¿Buscas la muerte?!
Si esa patada la hubiera recibido el dueño, probablemente habría estado doliéndole durante varios días.
En ese momento, de repente un cliente se levantó, colocándose entre los dos, bloqueando no solo al dueño, sino también la patada que Atilio había lanzado.
—Señor, ¿cuánto es la cuenta? ¿Cuánto debo? —El cliente era, por supuesto, Juan.
Había llegado a Luzaria un día antes, pero en