34. Te veo diferente
Noah soltó las muñecas de Ale y se alejó un poco de ella, ocasionando que echara en falta su calor y tacto. Los dos se miraron de forma intensa, pero sin decir nada. La falta de palabras por parte de Noah la puso nerviosa, esperaba que le creyera, porque no le había mentido al respecto.
—¿Me crees? —preguntó Ale.
—Lo siento… —contestó Noah y un escalofrío recorrió la espalda de Ale al imaginar que todo se estaba arruinando en ese instante—. No sé lo que me pasó, sé que no tengo el derecho de h