La puerta de la casa se cerró de golpe cuando Julia entró hecha una furia. Tiró el bolso contra el sofá y comenzó a caminar de un lado a otro sin poder contenerse.
—¡Nos echó como si fuéramos basura, mamá! —explotó, con la voz cargada de rabia.
Ema dejó las llaves sobre la mesa y se dejó caer en una silla, cansada y molesta.
—Sí, fue humillante. Pero tienes que calmarte, Julia.
—¿Cómo quieres que me calme? —Julia golpeó la mesa con la palma de la mano—. ¡La viste, mamá! Estaba ahí, sentada como