Mel y Richard estaban sumergidos en la magia del momento; ninguno de los dos quería dar marcha atrás a lo que estaba pasando, pero el ruido del personal de servicio hizo que Mel regresara abruptamente al presente. La realidad la golpeó como un balde de agua, y se separó bruscamente.
—¡Cómo te atreves! —gritó frenéticamente mientras le cruzaba el rostro a Richard con una bofetada.
—¿Qué te pasa, estás loca? —respondió él, conmocionado—. Aquí el único loco, pervertido y descarado eres tú. ¿Cómo p