El silencio en la mansión King me estaba asfixiando. No podía dejar de dar vueltas por la sala, mis manos estaban heladas, mi respiración entrecortada. Alexander intentaba tranquilizarme, pero mi mente no dejaba de repetirme una y otra vez que Karoline era capaz de cualquier cosa con tal de hacerme daño.
Mientras yo me debatía con mis pensamientos, en otro punto de la ciudad, Karoline estacionaba su lujoso automóvil frente a un almacén abandonado. descendió Dell coche con el ceño fruncido, suje