La noche cayó sobre la mansión King con un silencio tenso que parecía envolverlo todo. Aurora no pudo conciliar el sueño; cada vez que cerraba los ojos, volvía a sentir el portazo de Alexander atravesándole el pecho. Terminó durmiendo sola en la habitación con la luz tenue encendida y la sensación amarga de que su esposo ya no confiaba en ella.
Alexander tampoco logró dormir. Permaneció recostado en la cama de la habitación de invitados, con un brazo sobre la frente y el corazón palpitándole