El silencio que nos envolvía era pesado, casi asfixiante, pero no más que la presencia del hombre que tenía frente a mí.
— ¿Quién iba a imaginar que lograrías un gran aporte con este accidente? —Su voz rompió la quietud con una burla que me recorrió la piel como una brisa helada. Arrastraba las palabras con lentitud, como si disfrutara degustándolas antes de escupirlas con veneno.
Levanté la mirada, obligándome a enfrentar sus ojos oscuros, esos que siempre parecían analizarlo todo con un cálcu