—¿Eres tú...? —mi voz se quebró en el filo del asombro—. ¿Camila?
Ella asintió, y lo hizo con una sonrisa suave, serena, como si el tiempo no hubiera pasado para ella.
—Te tomó menos de un segundo reconocerme.
Me quedé observándola unos segundos, los suficientes para notar que sus facciones habían madurado, pero sus ojos seguían siendo los mismos. El mismo tono avellana. La misma mirada franca.
La invité a sentarse con un ademán; mientras yo también tomé asiento, aun intentando asimilar su pres