**ANDREA**
El sonido del grito de la madre de Santiago me paraliza por un instante. Mi corazón se acelera, y aunque mi instinto me dice que simplemente siga caminando y me aleje de esa casa de una vez por todas, mis pies no obedecen. Me doy la vuelta y entro de nuevo a la mansión con el pecho oprimido por una sensación que no puedo ignorar.
—¡Suegra, por Dios! —La voz de la madre de Santiago resuena en la sala.
Mis ojos se dirigen al suelo, y el aire abandona mis pulmones cuando veo a la abuela