Ambos hacen su pedido y se acomodan en una mesa a esperar que los llamen. Kansas solo miraba a su alrededor, mientras Jonas la miraba a ella tratando de descifrarla. El nombre de ellos es anunciado, minutos después, Jonas llega con la orden de ambos.
—Gracias —entona Kansas aceptando su mocaccino.
—No hay de que —Jonas vuelve a tomar asiento y después de darle un sorbo a su café se dispone a comenzar la charla—. ¿Por qué Otelo? —comienza en un terreno neutral.
—Un trabajo para la Universidad —se limita a contestar y Jonas sonríe.
—Estoy seguro de que no es la primera vez que lees esa obra —observa el joven.
—Me gusta la literatura —le confiesa—. Y las obras de Shakespeare son las que más sentido tienen para mí.
—Son todas tragedias —señala él, sin embargo, ella solo se eleva de hombros—. ¿Cómo pueden gustarte historias en donde todos o la mayoría de sus personajes terminan muertos? Una mitad de sus personajes se suicidan y la otra mitad son asesinados.
—Un buen drama tiene muerte —esb