Gaby al ver que su mujer se despertó gira la pantalla para que pueda hablar con Aye.
—Hola, tía. Felicidades —habla Aye.
—Gracias —dice con una espléndida sonrisa—. Por suerte no salió niña —bromea.
—Sí —suspira Aye—. Gracias a Dios.
—Ahora se complotan en mi contra —se queja Gaby y baja la mirada a su hijo—. Dentro de poco vamos a ser dos contra dos —segura haciendo reír a las mujeres.
—Hay que vigilar a estos dos —asevera Noe sin perder la sonrisa.
—Es todo un Medina, no cabe duda y tie