—Oh, lo siento —dice la chica controlando la risa al sentir la mirada desconcertada de Dylan y la mirada de muerte de Aye—. No soy quien cree —le dice a Aye.
—¿Qué? —murmura Dylan sin saber lo que habla.
—Seguro —entona Ay escéptica.
—Soy Kimberly, puedes llamarme Kim como los demás —le hace saber acercándose a ella extendiendo su mano—. Soy la novia del zángano de su amigo —explica señalando a Dylan. Sí acepta su mano, aunque un poco renuente y todavía con ganas de golpearla—. Por cierto —c