Aye observa a Dylan un momento y luego se carcajea desorientando a todos en esa habitación.
—No jodas, ni siquiera existen —Ríe, pero la risa acaba cuando ve que los ojos de Dylan no sonrían, no tenían ese brillo especial cuando él hacía alguna broma o le hablaba con doble sentido—. No —musita.
Soltándose de las manos del joven comienza a caminar hacia atrás, al tiempo que todas aquellas cosas que en un momento le parecían raras, aunque no quería darle importancia, ahora tenía sentido.
—Lo sien