—Si fuera ella no te perdonaría —le estaba diciendo Gaby a Dylan en cuanto Aye y Alex abrieron la puerta—. Te enviaría en correo exprés de nuevo a Brasil.
—Suerte para él que no eres yo —entona Aye.
Gaby la observa con el ceño fruncido y a pesar que la ve con un mejor semblante, no puede evitar fruncir el ceño.
—¡No! —gruñe tirando su espalda hacia el colchón—. Ya la convenció de que es buen chico —se queja haciendo reír a los demás, excepto al joven que esperaba con impaciencia saber si ella l