Al cruzar las puertas del ascensor privado, Mateo se dirige con rapidez hacia su escritorio con Marcelo detrás, pisándole los talones.
— ¿Qué harás con lo que descubres? —curiosa Marcelo entrando después de Mateo a la oficina.
—Depende —contesta, prendiendo su laptop.
—¿De qué? —pregunta con un poco de miedo el italiano.
—De lo que hayan encontrado.
Los ojos de Mateo se hacen enormes al leer el correo electrónico de Correa; Sabía que ocultaba algo, pero no se esperaba algo como eso. Ni se lo po