Una de las sirvientas vino a anunciarle que tenía una visita, pero no era Bruce, eran dos señores que preguntaban por ella; Astrid arrugó entrecejo extrañada, no estaba esperando a nadie. Cuando llegó al vestíbulo vio a los dos hombres desconocidos esperando a ser recibidos, uno de ellos se adelantó y preguntó:
—Buenas tardes, ¿la señora Astrid Wood?
— ¿Quienes son ustedes y que desean?
— ¿Es usted la señora Wood?
— Claro que soy ella, ¿qué quieren?
Uno de ellos respondió:
—Tenemos una ord