Anastasia, debajo de aquella ropa y máscara, se acercó para tocar la pintura original con la yema de sus dedos, sintiendo una nostalgia profunda.
Sí, lo había recuperado de Antonio Bellini, el cual ya estaba negociando para no ir a prisión.
Miró de nuevo a su amor. Y dijo: “perdón”, para luego llevarse la mano a la máscara para quitársela.
Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, el estruendo erizó a todos.
Las miradas vieron al mesero tirado en el suelo, y luego, la figura masculina enmascar