Era imposible.
Leónidas.
Entramos a la camioneta con Ezequiel. Quería desayunar con ella, y antes de llegar a la Academia, subiría con Eric. Sabía que no estaba preparada para que nuestra relación fuera así de pública. No quería saturarla demasiado. Para mí era suficiente despertar al menos cerca de ella, hacer cosas de una pareja normal, aunque todavía mostrara resistencia. Pronto cambiaría, pues ya había dado el paso más grande.
En cuanto comenzamos a comer los sándwiches, esperé masticar para cuestionarle: