El verdadero problema.
Anastasia.
Parpadeé, procesando.
—¿Qué…?
Mi corazón se salió de control.
Leónidas tomó mis manos tensas.
—Está confundida —continuó—. Seguramente cree que lo que hago por ella… significa más, pero no es así.
Mi pecho se apretó, sin saber por qué.
¿Celos? ¿Rabia?
Quise soltarme de sus manos, sintiendo cómo se me llenaban los ojos de lágrimas pero él me llevó a su cuerpo, en un abrazo que me hizo temblar.
—Le dejaré las cosas claras. No será un problema…
Olía a un extraño perfume. Y la mancha en