Amarlo era un error.
Anastasia.
Me paré en medio de la madrugada. Miré a mí alrededor, sin poder distinguirlo. Y cuando recordé que estaba en ese frío y pequeño motel, abrumada por la soledad, me insté a llorar.
El dolor que invadía mi pecho era tal, que incluso me costaba respirar.
Me abracé a mí misma y sentí el implante en mi brazo.
La verdadera razón de ponérmelo no fue solo por su bienestar y él mío. Sino porque sabía que pronto ya no estaría con él, y no sería justo someterlo a la cirugía para después irme.
La