Melissa se puso manos a la obra con una eficiencia sorprendente, su expresión transformándose en la de una profesional de la salud. Se quitó el abrigo y lo dobló cuidadosamente, dejándolo a un lado antes de sentarse junto a Bastian en el sofá.
—Muy bien, Bastian—dijo con una sonrisa tranquilizadora—, soy la Dra. Melissa. Voy a hacerte unas preguntas de rutina y examinarte un poco, ¿de acuerdo?
Bastian, aunque todavía temblando, asintió lentamente. —Está bien… cualquier cosa que pueda ayudar.
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