Sin dudarlo, se dirigió hacia ellos, ayudando a liberar a los atrapados y brindando primeros auxilios a los heridos. La adrenalina la mantenía en movimiento, pero no podía sacudirse la sensación de que algo no estaba bien. Había algo más en esa explosión, algo que no encajaba.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, las llamas comenzaron a ceder y los equipos de emergencia tomaron el control de la situación. Beltaine, cubierta de polvo y sudor, se tomó un momento para recuperar el