—¿Qué demonios es esto? —gritó, su voz rasgando el aire con una mezcla de incredulidad y terror.
Un dolor indescriptible, sin comparación, arrasó con todos sus nervios. Era como si sus fibras estuvieran siendo desgarradas, cada una expuesta y vibrando al límite de la resistencia. Se retorció, su cuerpo convulsionando en espasmos violentos, arqueándose hacia atrás mientras un grito ahogado escapaba de sus labios. Por un instante, se levantó del suelo, flotando en una agonía pura y abrasadora.
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