Por suerte, el viejo había sido tan tonto como para atar sus manos de frente y aunque ella no contaba con un arma y sólo podía utilizar su cuerpo para agredir al sujeto ,la furia la acompañó, logrando golpearlo fuertemente.
Pero desgracia, se había dislocado el hombro por el terrible impacto, pero soportó el dolor, zafando las cuerdas que ataban sus pies y lanzándolas lejos. Entonces corrió, buscando donde el loco tenía escondido a Dominic.
Lo encontró, y como estaban en un almacén abandonado,