—¿Por qué me odias tanto?- Susurró Chiara, pálida, y jadeante.
—No te odio. Es solo que tú interfieres con mi felicidad.- escupió.
—¿ Dónde están mis hijas?- interrogó ella.
—Muertas.- masculló Monique.
—No te creo.- lloró ella.
—No me importa.
—¿Como es que conoces al médico que falsificó mi muerte?- insistió Chiara.
—Gerardo me contactó después que tú me agredieras el otro día.
—¡Tu me golpeaste primero!- protestó.
—Y tú me robaste a Oscar.- siseó Monique.
—Esta bueno ya.- intervino Gerardo.