Adrián:
—Bueno, maja, debo admitir que tu contrato de trabajo te ha venido de maravillas.
Intercambiaron saludos, y ella sonrió, ocupando su asiento a la mesa, justo frente a él.
—Gracias. ¿Ya pediste?
—No. Estaba esperándote.
Monique toma la carta y lee con rapidez las ofertas del restaurante.
—Cuéntame, hace dos días que regresaste. ¿Cómo te sientes?
—Algo cansada. Oh, pero mi estancia en Italia fue maravillosa. No te imaginas la de gente importante de la industria de la moda que conocí.
—Seg