A la mañana siguiente, Chiara elevó las cejas inquisitivamente, al encontrarse a Oscar pavoneándose en bóxer y una bata por toda su cocina.
—¿Oscar, qué haces?- interrogó.
—Te preparo el desayuno.- respondió él.
Ella rodó los ojos. Al parecer, continuarían con el jueguito de el haciéndose el amo de casa.
—Con esto no lograrás nada. Estoy decidida. No quiero nada contigo, pero no estoy dispuesta a renunciar a mi hijo.
Oscar estaba de espaldas a ella, pero la tensión en su cuerpo era evidente. É