Una vez entró a su departamento, largó su bolso sobre la mesa ratona y se lanzó sobre el sofá, haciendo gritar a Nan a quien no había visto y que se encontraba sentada contra una de las esquinas con las piernas contra el pecho y un libro en las manos.
—¿Por qué no miras dónde te acuestas? —preguntó Nan, incorporándose mientras Amy hacía lo propio.
—Lo siento, estoy tan cansada que en lo último que se me ocurre pensar es en si mi mejor amiga se encuentra estudiando en el sofá de mi sala. Mil per