Capítulo 16. Boca marcada
El estacionamiento interno era un páramo de asfalto y sombra, protegido por los viejos paraísos de la facultad que amortiguaban el eco de las sirenas y los gritos que aún resonaban del otro lado del edificio.
Damián Salguero clavó la mirada en los ojos de Valeria. Su pulgar, que un segundo antes había rozado la mandíbula de la joven con una familiaridad peligrosa, se detuvo. La razón, esa estructura rígida y aristocrática sobre la que había edificado su vida entera, pareció encender una alarma