El reloj de pared de la facultad dejó escapar un crujido mecánico justo cuando las agujas marcaron las diez de la mañana. Damián Salguero cerró su carpeta de un golpe seco, cortando la última frase de su explicación sobre el Corpus Iuris Civilis.
—Es todo por hoy. Pueden retirarse —anunció, sin elevar la voz, pero con una autoridad que no requería amplificación.
El aula pareció exhalar un suspiro colectivo. El murmullo de los estudiantes al guardar sus cuadernos y abrigos se desató con una pris