Capítulo 7. El eco de la traición
El vibrar estridente del teléfono celular sobre el escritorio cortó en seco el silencio de la biblioteca. Damián dejó la lapicera a un lado y atendió de inmediato.
—Hola, mi amor —dijo, cambiando su habitual tono severo por uno de profunda calidez.
—¡Papá! Menos mal que me contestas —la voz de Catalina llegó con una energía limpia y desbordante—. Estaba esperando que mamá saliera a la terraza para poder llamarte desde su tablet.
Damián sintió una punzada en el pecho. Catalina ya tenía diez años