El aula de la Facultad de Derecho estaba colmada a las ocho de la mañana del lunes. El murmullo denso de más de cincuenta alumnos resonaba contra las paredes altas y desgastadas del edificio histórico, un eco de nerviosismo y repetición de último momento antes de que comenzara la clase.
El reloj de pared marcó la hora exacta cuando la puerta trasera se abrió. Damián Salguero entró con paso firme, vistiendo un traje impecable de corte italiano en gris oscuro, la camisa blanca perfectamente planc