243. TERESA VIVALDI
Él la había despedido con mucha frialdad, sin pedirle que celebraran como ella esperaba su acuerdo. Nunca antes se había sentido tan desorientada. Al llegar al hotel, luego de disfrazarse antes de entrar, se dirigió a solicitar su llave y le indicaron que tenía visita. Giró la cabeza para ver a una joven aterrada que movía nerviosamente las piernas y recorría con la mirada su alrededor como si temiera que la agarraran en cualquier momento.
—¿Qué haces aquí? —preguntó al reconocer a la chica—